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Este es un blog compartido por tres chicas; Camila, Mariana y yo, Ana.

Se trata de tres chicas, que conocerán a cuatro hombres, que les cambiarán la vida. Espero les guste!

lunes, 8 de agosto de 2011

Capítulo 10.


NARRADO POR ANA.

Ese día tocaba ir a la tienda. Me duché, y me dirigí escaleras abajo para el desayuno. Pero antes de bajar, noté que mi hermano estaba hablando con alguien. Inmediatamente reconocí la voz del chico. Se trataba de su mejor amigo de la infancia, Johnny. Me llevaba muy bien con él, así que durante todo el desayuno nos la pasamos hablando él y yo, dejando a un lado a mi hermano, que parecía ofendido y enojado, pero no le tomé importancia. Me despedí y me marché para la tienda.

Era muy aburrido atenderla cuando no me acompañaba Mariana. Y se me hizo muy raro que no me llamara, ya que ella siempre lo hacía cuando salía a algún lugar. Pero supuse que estaba entretenida viendo la catedral de Canterbury, como para hablar con su amiga.

Estaba hablando con un empleado, cuando de pronto alguien que se aproximaba a la tienda llamó mi atención. Volví hacia la entrada y nuestras miradas se cruzaron. Rápidamente me volteé e hice como que no le prestaba atención. Le observé bien, y se me hizo algo familiar. Seguro alucinaciones mías. Se fue a una hilera de música, y yo seguí haciendo mi trabajo. Pasó una hora y él seguía ahí en el mismo lugar, pero ahora me observaba fijamente a través de unas rejillas que daban hacia la caja donde yo me encontraba. Comencé a incomodarme, pero volví a ignorarlo, sabía que en algún momento dejaría de verme y se marcharía. Pero para mi sorpresa no fue así. Decidida ya, me armé de valor y me acerqué a él. Pero rápidamente bajó la cabeza a un disco que tenía entre sus manos, e hizo como si estuviera viendo la portada.

- Oye, pasa algo? -pregunté buscando su rostro.
Lentamente fue levantando la cabeza para verme.
- No sabes quién soy?
Estaba sonriente, lo que se me hizo extraño.
- No, no sé, por eso pregunto.
- Soy George. George Harrison.
Cuando oí el nombre, me quedé pálida y no supe que decir.
- Estás bien? Parece que estás viendo a un fantasma.-Su sonrisa volvió de nuevo
- Qué haces en mi tienda? Sabías que puedes armar un escándalo, no? Te matarían en dos segundos.
- Tranquila.-soltó una ligera risa-. Vine a verte a ti.
- A mí?
Él asintió con la cabeza.
- Desde el día que nos conocimos... me quedaron ganas de hablar contigo.
Las palabras que decía... me dejaban helada. Yo? Interesante? Aparte me lo decía un Beatle! Este tipo estaba chiflado.
- Vine para invitarte a nuestro concierto. Sabes que hay concierto, no? Bueno, qué pregunta más estúpida. La cosa es que vengo aquí para eso.
'Ahora todos los famosos me van a invitar a sus conciertos?'' Pensé.
- Ya compré boleto.-dije cambiando de posición a una más rígida
- Por qué eres tan fría?
- No lo soy.-negué volteando a todos lados. Algo muy común en mí.
- Lo eres.
Suspiré.
- Es sólo que no quiero que sepan que tú estás aquí. No quiero a fans corriendo por todo el local.
- Eso no pasará, si me invitas a tu bodega para poder hablar bien.
- No sé si lo has notado, pero estoy trabajando.
- Está bien.-hizo una pausa-. Si quieres hablar bien y en privado, te veo en el restaurante Stromboli hoy en la noche a las 8:00 pm.
El Stromboli era un restaurante de comida italiana.
- Eso suena como una afirmación, señor Harrison. No ha tomado en cuenta mi opinión, pero está bien.
Él sólo sonrió, y dio la vuelta para salir del local. Pero antes de hacerlo, me dijo algo que apenas pude oír:
- Es porque de todas formas ibas a aceptar.
Se giró, y salió. Yo sólo sonreí y volví a mi trabajo.

Todo pasó tan rápido... Después de salir del trabajo me fui directo a la casa de Victoria ya que necesitaría su ayuda para elegir la ropa que llevaría esa noche. A ella la conocía desde quinto de primaria. Con ella compartía mis gustos por Led Zeppelin. Una chica alta y delgada, de cabello rubio liso que le llegaba por abajo de los hombros. Se vestía al estilo Page; con un pañuelo en el cuello y pantalones acampanados con camisas floreadas o flojas. Modo de vestir al que me introduciría después ella. Cuando llegamos a mi casa, no le mencioné con quién iba a ser la cena, sólo le mencioné que sería con alguien especial. Tardamos una hora buscando el vestido y media arreglándome. Los vestidos iban y venían por toda la habitación. Caían sobre el colchón, los sofás o incluso en el suelo.

Por fin me elegí por un vestido. Vestido de algodón tipo camiseta que llegaba hasta la rodilla. Tenía tres diferentes tonos de verde en la cintura. Lo que iba en el pecho era color crema y lo que caía era de un color verde olivo. Victoria me maquilló y me enchinó el cabello. Lo poco que podía agarrar de mi cabello lo enchinaba. Cuando por fin estaba lista, aprovechó y me preguntó de quién se trataba.
- Ana, quién es?
Me quedé helada mientras me miraba al espejo, ella lo notó y enarcó levantó las cejas como dándome a entender que quería saber de verdad. Me di vuelta, torcí el gesto y entonces la tomé de las manos. Ella se sorprendió.
- Está bien.-acepté-.Pero prométemelo que no le dirás a Mariana.
- Espera... Mariana no sabe?
- No... y no debe saber
- Por qué?
- Entenderás cuando sepas de quién se trata

Moví todos los vestidos que se encontraban en la cama para hacer un campo en dónde sentarse, y entonces le expliqué todo lo que había pasado ahí. Mantenía la boca abierta, aquello que le contaba le sorprendía mucho.

- Idiota. Te envidio pero-hizo una pausa-sabes las consecuencias de que no se lo cuentes a Mariana, verdad?
- Sí, lo sé. Pero no se lo puedo contar ahora, será en otro momento.

Estuvimos otro rato platicando ahí, hasta que pasaron por ella. Yo me debía ir ya, así que tomé las llaves del carro y me dirigí al restaurante donde George me había citado. Había una reservación y al parecer George había hablado bien con el gerente, porque cuando me vio llegar, rápidamente se me acercó y me preguntó mi nombre.

- Disculpe, usted es la señorita Ana Wesley?-preguntó una voz a mis espaldas
Rápidamente me di vuelta y pude ver a un hombre regordete y algo viejo.
- Eh, sí.
Antes de que pudiera preguntar, me invitó a entrar. Me llevó hasta una mesa y me preguntó que si qué bebería. Le dije que esperaría, a lo que él me respondió con una amplia sonrisa y se marchó. Miré el reloj que quedaba enfrente mío. Marcaba las siete cuarenta. Al parecer había llegado temprano. Esperé media hora y George no llegaba. Me ponía cada vez más nerviosa, pero tenía fe y seguí esperando. Dieron las ocho y media y no llegaba. Me había hartado ya, así que tomé mi bolsa y salí. El gerente lo notó e hizo todo lo posible para que no me fuera, pero le dije que no se preocupara, que buscaría a George. Estuve buscándolo por toda la plaza y nada. Ya harta, salí de ella para ver si estaba afuera, pero tampoco. Estaba ahí parada observando los alrededores, cuando escuché de un callejón cómo dos chicas hablaban entre ellas de que habían logrado su sueño. Me pareció extraño y me fui acercando de poco a poco. Cuando estuve lo suficientemente cerca para notar de quién se trataba, me quedé perpleja. Era George Harrison besándose con tres chicas. Tenía la camisa abierta llena de labial y el saco arrugado. Cuando me vio, quedó igual que yo.

- Ana... no es lo que...
- Me invitaste a cenar, pero al parecer tú terminaste siendo la cena. Espero lo disfrutes y gracias.

Me di vuelta y me marché corriendo. Pude oírlo gritar mi nombre varias veces detrás de mí, y trataba de seguirme. Entré a la plaza y traté de irme escondiendo entre las personas, además tuve la ventaja de que en cuanto él entró a la plaza para seguirme, una bola de fans se acercaron a él, formándole una barrera contra el paso. Trató de quitárselos de encima para seguirme, pero no pudo, era demasiado tarde y yo ya estaba en el estacionamiento. Me subí al carro, lo encendí y me marché a mi casa ofendida y enojada.

Continuará con la narración de Camila.

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