Bienvenida

Este es un blog compartido por tres chicas; Camila, Mariana y yo, Ana.

Se trata de tres chicas, que conocerán a cuatro hombres, que les cambiarán la vida. Espero les guste!

martes, 20 de diciembre de 2011

Capítulo 20



-¡Anda, Cami, salgamos hoy! No creo que tengas nada mejor qué hacer - me animó Mar por teléfono.
-No es que no quiera, pero estoy tan cansada.
-Di que sí- y supe que del otro lado de la línea ella sonreía exageradamente.
-Ok, salgamos un rato- acepté de una vez.
-¡Sí, genial! Te pasamos a buscar en un rato. Prepárate.

Y cortó.

La noche anterior había asistido una fiesta organizada por compañeros de la universidad, por lo que me había ido a dormir muy tarde. Creo que apenas había dormido cuatro horas, en realidad.
Todavía estaba en pijamas, toda desarreglada, y las chicas llegaban en cualquier momento.
Y en eso suena nuevamente el teléfono.
No iba a atender, estaba demasiado apurada cambiándome.
Siguió sonando.

-Hola -dije con voz tranquila.
-Hola -contestó una chica.
-¿Quién habla? -pregunté dudosa.
-¿Acaso ya te olvidaste de mí?

Me quedé sin pensar; y al cabo de unos segundos...

-¡Ximena, sos vos! -exclamé más que feliz.- No sabés lo que me alegra escucharte.
-¡Ay, a mí igual! Hacía un tiempo que no escuchaba tu voz, hermana.

Y menos mal que atendí.
Me dijo que dentro de unas semanas volaría a Londres. Parecía que los problemas en Argentina habían cesado, y ya que tenía algo de dinero ahorrado, vendría a visitarme.

-No puede ser, tenés que estar mintiéndome...
-¡Es cierto, creéme!- insistió.
-Bueno, me dejás sin palabras.

No sabía qué decirle, estaba muy sorprendida por la noticia.
Terminé de hablar con Xime, después de quince minutos, y golpearon a la puerta. ¡Eran mis amigas! Yo no me había ni cambiado.
Abrí la puerta y salí corriendo a mi habitación.

-¡Hey! ¿Por qué te vas así, Cami?- gritó Mariana, entrando al living.
-Lo siento -repliqué-, es que aún no me preparé.
-¡Tenías que estar lista!-dijo Ana- Te odio.

Y empezaron a reír.
A los dos minutos aparecí, con un peine en la mano y un broche en la otra. Le di un abrazó a Ana y salimos a la calle.

-Te presento -empezó Ana-. Él es Eliot, mi primo. Vino de visita y para en mi casa.

Mariana abrió los ojos y sonrió moviendo la cabeza. Traté de ignorarla.

-Ella -siguió- es Camila. Vive aquí hace unos meses apenas, es de Argentina.
-Mucho gusto en conocerte -agregó él.
-El gusto es mío -estrechándole la mano.
-Ok, listo. ¿A dónde vamos?- preguntó Ana.

Nos miramos entre todos. Ninguno de los cuatro tenía idea de qué hacer.

-Bueno -propuso Mariana-, podemos ir a las afueras de la ciudad; como un día de campo.
-No es una mala idea -animó Eliot.
-Si ustedes quieren, pues vamos - concluyó Ana.

Yo sonreí.
Subimos al auto y nos pusimos en camino. Eliot iba en la parte de adelante, junto con su prima.
Mariana me susurró al oído:

-Oye, ¿No es super apuesto?
-¿Él?
-Sí, Eliot.
-Emm...- dudé- Un poco, qué sé yo.
-¡Pero si es muy sexy!

Ana y Eliot se dieron vuelta. Mariana estaba colorada.

-NO, ¡Paul es más sexy que Ringo!- intervine guiñándole el ojo a mi amiga.
-Como digas -dijo ella después de unos segundos, mirando el techo.

Ana se había dado cuenta de lo que pasaba y empezó a hablarle de cualquier cosa a su primo.
Seguimos el viaje; hasta que, en un determinado lugar de la carretera, la gente parecía amontonarse desesperadamente. Eliot estaba concentrado mirando a la multitud.

-¡Oigan, tenemos que ir a ver! -exclamó Mar.
-Yo creo que mejor sería seguir -opiné-, basta de líos...
El chico me miró extrañado.

-Anda, ¿qué podemos perder? -siguió.
-No tiene nada de malo -dijo Ana.

¡¿Cómo?! Ella siempre se oponía a este tipo de cosas. Era raro.

-¡Porfaaas! -gritó Mariana en mi oído.

La miré a Ana como pidiendo ayuda.
"¡Oh, ahora entiendo!" pensé. Mi amiga quería quedarse a solas con su primo. ¿Cómo no me había dado cuenta?. Mi mirada apuntó cómplice hacia los ojos de Ana. Ella, al contrario, me miró como un tanto molesta.

-¡Camila, andando! - me ordenó Mar.

Bajamos rápidamente del carro y nos acercamos al conglomerado. Había tanta gente allí que se hacía casi imposible saber qué era lo que estaba llamando tanto la atención. Justo en ese momento un chica toda despeinada y alborotada empiezó a correr desde donde nosotras dos estábamos hacia la cantidad de gente concentrada.

-¡¡JOOOHN, TE AMOOOO!!- gritó descontroladamente aquella muchacha.

Mari me miró desconcertada. Hice lo mismo.

-Hablando de problemas... - dije con vos casi imperceptible.
-¿Qué deberíamos hacer, Cami?
-No tengo ni la más mínima idea- le respondí-. Ana no debe saber esto, se alteraría.
-Tienes razón, pero ¿cómo?- preguntó.
-Volvamos ya. Inventemos cualquier mentira y listo

Nos encaminábamos de regreso al auto con los otros chicos cuando una camioneta frenó enfrente de nosotras. Nos asustamos en verdad. La puerta se abrió. Cuatro brazos salieron de esa oscuridad y nos agarraron con fuerza. No pudimos ni pedir ayuda que ya estamos adentro de la misma.

-Camila, Mariana... Hola.

Hubo un silencio.

-¿Por qué siempre hacen estas apariciones que nos asustan?- le pregunté.
-Yo sé que te agradan.

Sí, eran ellos. Mariana no tardó ni un segundo más en acercarse a Ringo.
Por dentro, esta camioneta era como una limusina, muy cómoda y espaciosa. John estaba en el fondo, recostado en una especie de sillón bordó. George se encontraba muy próximo a aquel; no despegaba su mirada seria de mí. Ringo permanecía a mi izquierda, junto con Mariana (no le prestaron más atención a nadie, en realidad). y Paul se sentaba justo enfrente mío, muy cerca.

-¿Ustedes no tendrían que estar allí -señalé-, donde todas esas chicas?
-Emm, no -dudó el bajista.
-Entonces ¿por qué esas chicas siguen ahí?
-¡Tenemos dobles!- gritó John desde aquel lejano rincón.

Me reí. Automáticamente hice un seña a Mar para irnos.

-Continúa riéndo, por favor-suplicó Paul.
-¿Qué decís?

Ahora el reía.

-Sos tan hermosa... Pero entiendo que no te agrada que te lo diga, no estoy seguro de por qué.
-Dale, dejá de delirar- empecé a sonrojarme.
-¡Adoro esa forma en que hablas!- dijo mientras me abrazaba.

George seguía mirándome fijamente. Dejé estrechar a Paul para verlo.

-¿Dónde está Ana?- se dirigió a mí el músico, sin dudar.

Tragué saliva.


miércoles, 7 de diciembre de 2011

Capítulo 19.


NARRA ANA.
El tiempo que las chicas habían durado con los Beatles adentro, yo lo había aprovechado tomándome un café frente al lugar donde había sido el concierto.
George me había tomado por sorpresa, y justo Mariana había chocado con nosotros. No hubo tiempo de explicarle el por qué de que no quería mencionar de que ya le conocía. Cuando ella se había marchado con Ringo, yo me había vuelto hacia George, que me miraba serio, sin ninguna expresión en el rostro. Suspiré, y me hice a un lado, para después salir del lugar. Él no dijo nada, se quedó ahí parado. Y yo ya no supe qué fue de él después.
Había pasado como una hora, después de que las chicas salieran, y yo las esperara, ya que yo traía el carro. Cuando Mariana me vio, se hizo a un lado.
- No eh, no hay necesidad de que nos lleves, nos podemos tomar un taxi.-Dijo Mariana molesta, tomando del brazo a Camila.
- Mariana... déjame explicarte.
- Además vamos a una conferencia de ellos, quieres ver a George?
- Bueno Mariana, calma.-interfirió Camila.- Deja que nos lleve, además ya oscureció.
Mariana me volteó a ver con recelo, pero después de unos pocos segundos, aceptó. Ambas subimos al carro, y las llevé al lugar. En el camino les expliqué todo. El por qué de que no les había mencionado nada, que George se había vuelto detestable, y las veces que había ido a la tienda. Camila comprendió, pero Mariana se mostraba aún recelosa, aunque yo sabía, que una parte de ella comprendía lo que le acababa de contar. Llegamos al lugar donde se iba a dar la conferencia. Yo me quedé afuera, no quería verle a George. Pero antes de bajar del carro, Mariana se acercó a mí, y sin decir nada, me abrazó.
- Te creo.
Entonces se alejó de mí, me sonrió, y entró al lugar.
Afuera del lugar habían unas pantallas, en donde se podía ver la conferencia. Cada vez que los chicos soltaban una broma, yo reía. Hasta las de George.
Hubo un momento, en donde la cámara enfocó a George. Yo me le quedé viendo a sus ojos, los cuales me hipnotizaban. Fue hasta que volteó a aquella cámara que le apuntaba, que sentí un escalofrío, y entonces mi celular sonó.
- Bueno?
- Hija! No vas a creer quién vino. Tienes que venir!
-Ahm... sí, ya voy mamá.
- Apúrate!
Colgué el teléfono, coloqué los ojos en blanco, y volteé de nuevo hacia la pantalla, pero ya no estaba George, la conferencia había terminado. Las chicas salieron, y me contaron cómo había estado todo allá adentro. A ambas las llevé a su casa. Cami y Mariana quedarían el día siguiente de verse con los Beatles, ya que el premio del concurso era una cena, y el backstage con los chicos. Me despedí de ambas, y entonces me marché a mi casa.
Antes de colocar la llave en la cerradura, escuché risas dentro de la casa. Pero sobre todo, una risa muy peculiar, creo que ya sabía de quién se trataba. Abrí la puerta, y apareció alguien, alguien quien no me daba mucho gusto ver; mi tía Prudence. Se lanzó sobre mí la masa gorda y escandalosa que había oído minutos antes de entrar a mi casa. Entonces oí ese sonido, ese horrible sonido de un beso exagerado. Arrugué la cara, y me alejé de ella, fingiendo una sonrisa.
- Hola tía.
- Hola amor! Pero cómo has crecido!! Mírate! Cada vez te pareces más a tu tía, ooh sí!-reía falsamente.
La tía Prudence tenía cuatro hijos. Tres adolescentes, y un infante. El mayor, era Eliot con 20 años, con el cual me llevaba muuy bien. Era igual a mí en cuestión de gustos e intereses. Estatura como de 1.87, cabello lacio y negro, un poco abajo de los hombros. Delgado, pero con buena complexión. Tes blanca y ojos grises. Juraba que si no hubiéramos sido primos, me habría casado con él.
El segundo, era Joseph de 17 años. Era un chico odioso, que se la pasaba jodiendo a quien se le cruzara en el camino. Completamente diferente de su hermano mayor. Tenía los ojos marrones, cabello corto color castaño, y peinado con una cresta. Se vestía siempre con camisetas 'Hollister' o 'Aéropostale' las de moda.
La tercera, era Tifanny. Tenía 16 años, y era verdaderamente insoportable. Presumida, hipócrita, mandona, arrogante, envidiosa y muy vanidosa. Tenía el cabello castaño y lacio por debajo de los hombros. Delgada, y siempre andaba con minifaldas y playeras pegadas. Ella y Joseph, odiaban a su hermano mayor, y escuchaban la misma música los dos; la de moda.
Y el cuarto, era Sammy, un infante que apenas acababa de cumplir 3 años, y el cual apenas podía caminar. Había sacado los rulos de su madre, e igualmente, color castaño, sólo que la tía había estado poniéndose tinte de rubia desde hacía 10 años.

Eliot inmediatamente me vio, se paró para saludarme. Era un chico verdaderamente tierno, sabía lo que quería, y tenía los pies siempre puestos sobre la tierra.
- Cómo estás, primita? -saludaba tiernamente.
- Hola lindo.
Tifanny colocó los ojos en blanco, y preguntó que si dónde iba a dormir ella.
- En la recamara de Anna.-contestó mi madre.
QUÉ!?!?!? NONONONONO. Podía permitir que viniera a mi casa, comiera de mis pretzels, entrara a mi baño, pero... MI HABITACIÓN?? POR QUÉ?
Volteé a ver a mi madre con cara de asesina. Ella sólo me sonrió, y se encogió de brazos.
- Seguro! La vamos a pasar muy bien, primita.-Sacó esa sonrisa falta que le ponía a todos.
- Eliot y Joseph dormirán con Erick, él tiene una cama que se convierte en literas, y aparte tiene una cama extra.-indicó mi madre, sonriéndole a ambos.
Se paró, y fue a la cocina por el té. Yo la seguí.
- Por cuánto tiempo se van a quedar?-le pregunté desesperada.
- Dos meses.
- Quééééé????
- Cálmate Anna. Hacía mucho que no veía a mi hermana, así que dame esta oportunidad. Sé que no te llevas bien con tu prima, pero todo se puede resolver. Incluso puede que en este tiempo se lleven bien!
- Con ella? Pff, nunca!
- Sólo trata.
Salí molesta de la cocina, y me fui a la sala.
Un rato después, todos nos marchamos a nuestras respectivas camas. Mi madre le había puesto una cama extra en mi habitación a Tifanny. Por lo menos podía agradecer que no íbamos a dormir en la misma cama.
- Wow, tú sí que eres fan de estos peludos eh.-decía mirando todo mi cuarto.- Por Dios, no creo que pueda dormir con todos estos tipos observándome!
- Pues entonces no duermas en mi cuarto, hay muchas más habitaciones.
- Sabes? No. Quiero pasar tiempo con mi primita. Cuéntame, cómo te va en el amor?
- Qué te importa. Ahora, con permiso, me voy a dormir.
Me aventé en mi cama, y me tapé con las sábanas. No quería oír ni una palabra más de aquella niña.

A la mañana siguiente, mi madre y mi tía habían preparado el desayuno, ya que mi madre le había dado el día libre a la encargada. Se suponía que en todo ese día, yo me la pasaría en casa, pero con esto de mi prima, no quería pasar un segundo más en esa casa. Terminé el desayuno, y le llamé a Mariana.
- Mariana, llévame a donde tú quieras, sólo sácame de mi casa!
- Pues qué pasa?
- Mi prima, mi prima está en casa!
- No puedes! A dónde quieres ir? Espera! Está tu primo? Tu primo lindo?
- Sí, sí está.
- Ah! Traetelo! Lo quiero ver ya!
- Hey, caliente! Es mi primo! Además qué pasó con Ringo, eh? Pobre Richard. Llámale a Camila, paso por ustedes en una hora.
- Ok! Oh, no puedo creer que voy a verle!!!! Le avisaré a Camila!
Colgué, y me metí a bañar, pero antes, le avisé a Eliot de a dónde iríamos. Él con gusto aceptó, y entonces ambos nos fuimos por las chicas.
Continuará con Cami...